Solo hay un único jefe: el cliente. Y es capaz de despedir a todo el personal de la empresa, desde el más alto cargo hasta el último de la fila, solo con gastarse su dinero en otra parte.

Sam Walton, fundador de Walmart.

Las empresas, grandes, medianas o pequeñas, sobrevivimos gracias a los clientes. Gracias a disponer de un producto o servicio que, ofrecido bajo unas condiciones determinadas, es atractivo a los consumidores y deciden adquirirlo y pagarnos por él.

Parece una observación  obvia y fuera de lugar en un blog profesional, pero si hacemos memoria, seguro que todos recordamos algún producto que ha fracasado. Productos que se lanzaron si pensar quien estaría dispuesto a adquirirlo ni qué beneficios aportaban al cliente.

Potty putter

Cuando una empresa desarrolla un nuevo producto, o lo introduce en su oferta comercial, debe tener muy claro que ventajas está ofreciendo a su cliente. Que beneficios y soluciones aporta al mercado y si sus condiciones comerciales (precio, embalaje, plazos de entrega, etc.,…) encajan con las necesidades de su cliente objetivo.

Si hablamos de comercio internacional, este análisis se complica un poco más, ya que todas estas variables deben analizarse en cada país por separado. Usos y costumbres, canales de distribución, organización comercial, hábitos de las familias y  muchas otras variables varían en cada país, por muy parecidos que parezcan.

Por ejemplo, el sector del suministro industrial se organizar de forma muy diferente en Francia que en España,  los hábitos de consumo y momentos de compra de las familias alemanas distan mucho de las francesa o inglesas.

Desarrollar un nuevo producto, incrementar nuestro catálogo o crear una empresa nueva, requiere de una  labor previa de análisis y estudio sobre la posible aceptación de nuestro lanzamiento por parte del  mercado. Por desgracia esta es una asignatura pendiente en muchas PIMES, que no ven el ahorro de costes que supone el analizar antes de actuar.

Neuronas + kilómetros = ventas